Declaración de sequía en Río Colorado amenaza desarrollo de BC│

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-Sólo vemos 4% del agua que usamos, el 96% la consumimos indirectamente.

TIJUANA.- La reciente declaratoria de sequía por parte del gobierno de Estados Unidos en la Cuenca del Río Colorado es una amenaza para el desarrollo económico de Baja California, una alerta que obliga a pensar en el agua como un recurso escaso en los próximos años y a tomar decisiones con la debida planeación.

Así lo consideró el ingeniero José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), afirmando que debe pensarse el desarrollo económico sostenible asumiendo que el agua es un recurso escaso, planeando mejor el desarrollo urbano y optimizando el uso de agua por parte del sector industrial y comercial.

Explicó que, en términos generales, los acuerdos de entrega de agua entre México y Estados Unidos se han cumplido desde el tratado de 1944; México entrega 450 millones de metros cúbicos al año a Estados Unidos en la Cuenca del Río Bravo y Estados Unidos entrega a México mil 850 millones de metros cúbicos al año en la Cuenca del Río Colorado.

Sin embargo, luego de que el presidente Donald Trump firmó el 16 de abril un plan para reducir el uso del agua del Río Colorado, que abastece a 40 millones de personas en el oeste de Estados Unidos, José Carmelo Zavala afirmó que es tiempo de revisar la política hídrica de la región porque el agua es un reto permanente, no sólo en esta coyuntura.

El experto en gestión estratégica del desarrollo recordó que el estudio “Huella hídrica en México en el contexto de Norteamérica”, realizado en 2012 por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) y la consultora AgroDer, reveló que vemos sólo el 4% del agua que consumimos, porque el otro 96% la consumimos indirectamente.   

Consumimos agua de beber y en actividades diarias como bañarnos, lavar trastes, limpiar, regar, explicó Zavala Álvarez, pero esto sólo es un 4% de nuestro uso total de agua; en realidad, cada que consumimos un alimento o usamos un producto o servicio consumimos indirectamente el agua que se utilizó en sus procesos de producción.   

Citó como ejemplo una taza de café, porque se cree que al beber una taza se consumen 125 mililitros de agua, pero lo cierto es que para que el grano creciera se requirió agua, que pudo ser de lluvia o riego, también se necesitó para los procesos de secado, tostado, molido y empaquetado, de modo que, en promedio, la taza de café usó 140 litros de agua.

Opinó que revisar la política hídrica da la oportunidad de revisar la industria de alto consumo o cuyo insumo principal es el agua, como pasó en el controvertido caso de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, pero también implica buscar fuentes de abasto de mayor certidumbre, como el caso de la también controversial desaladora de Rosarito.

“Es tiempo de repensar la producción que haga un uso intensivo de agua, como la destinada a la exportación no sólo de cerveza, sino de muchos productos que tienen una huella hídrica no aceptable, hoy la cantidad de agua usada al elaborar productos debe ser una variable estratégica, porque indirectamente exportamos agua en todos ellos”, dijo.

Añadió que la cantidad de agua necesaria en la elaboración del producto está en función de la eficiencia, de las buenas prácticas en toda la cadena productiva, porque es diferente la que se necesita para producir un kilo de carne de res en Mexicali que en Veracruz o en Holanda, pero no existen estudios locales, solo promedios internacionales y nacionales.

“¿Cuánta agua exportamos en productos agrícolas de San Quintín o Mexicali? Si bien, el mar es fuente de abasto de agua segura y la tecnología factible es ósmosis inversa, pero debemos priorizar otras acciones”, opinó el egresado del Programa LEAD, con sede en el Colegio de México, para líderes comprometidos con el desarrollo sustentable.

Lo primero, explicó, debiera ser parar fugas en las redes de distribución urbana, lograr un uso eficiente con mobiliario sanitario de bajo consumo y separar aguas grises; lo segundo sería promover un mayor reúso; el Río Colorado es un caso muestra de economía circular, se aplica en zonas como el condado de Orange y hasta en Disney se toma agua reciclada.

Después, continuó el director del CIGA, debe buscarse la seguridad de abasto, donde una opción sería conectar la Presa Abelardo L. Rodríguez al acueducto, esto daría certidumbre de inventario para un año a Tijuana y luego, hasta entonces, habilitar plantas desaladoras por ósmosis inversa modulares según la demanda.

“Así como el plástico, el agua no debe ser de un solo uso, la traemos desde lejos y con bombeo de un kilómetro de altura en La Rumorosa, pero la tratamos peor que bolsa de plástico desechable, usándola sólo unos minutos para alejar de nosotros nuestros productos metabólicos en regaderas y como fluido de transporte en sanitarios”, remarcó.

Sobre el proyecto de desaladora en Rosarito, el ingeniero bioquímico recordó que con ósmosis inversa se puede llegar a tener aguas residuales tratadas hasta para beber, pero resulta una paradoja que en Tijuana las aguas tratadas se descarguen al mar, donde se mezclan con sal y el proyecto sea sacarlas 5 kilómetros al sur para quitarles la salinidad.  

“Descargamos al mar agua residual mal tratada, con carga orgánica, bacteriana, en Punta Bandera; se mezcla con agua de mar, que tiene 35 mil partes por millón de sólidos disueltos, o sea de salinidad; se sacará en Rosarito diluida la carga orgánica y bacteriana, pero con más sales, para con ósmosis inversa quitarle la salinidad, es absurdo”, opinó.

Me parece, finalizó, que el proyecto del Valle de Guadalupe demuestra que es más barato llegar a agua potable, a agua de beber, desde aguas residuales que desde agua de mar vía ósmosis inversa, por eso cuesta 20 pesos el metro cúbico en el Valle, transportado 100 kilómetros y eso mismo cuesta el metro cúbico de agua de la desaladora, parece que compite la economía ahí.

Uniradio

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