Nuestros niños y adolescentes en riesgo│

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Mamá, papá y hermanos, hoy quiero platicarles algo… ¿Tendrán tiempo?

Ajedrez Político

Sergio Anzures

Aunque podría resultar inconcebible ponerle fin a tu propia vida, esta es una reacción que cada día se está haciendo más común en los jóvenes de nuestro país, incluyendo Baja California.

El estrés, acoso escolar, violencia social, maltrato, desamor, frustración y violencia en las redes sociales, influyen en la conducta de nuestros jóvenes.

La disfuncionalidad familiar, violencia en casa y otros factores, obligan a que no solamente adolescentes decidan auto lastimarse y quitarse la vida, sino que también niñas y niños tomen una decisión que esta fuera de su alcance.

Recientemente el sector salud en Baja California advirtió del incremento de suicidios en adolescentes.

Señalaron que durante este año se han atendido más de dos centenares de pacientes entre los que prevalecen menores de edad.

Es inimaginable pensar que las niñas y niños podrían contar con problemas económicos o laborales como es común conocer en adultos, pero, lo cierto es que muchos de ellos alojan y viven los problemas de sus padres que no han sido capaces de atender y resolver fuera de la dinámica familiar y de manera indirecta se les hace participes y receptores de una problemática que esta fuera de su alcance.

Este grave problema de salud debe alarmar a la sociedad en general, pues los síntomas que advierten sobre el suicidio o los pensamientos suicidas no distinguen edades ni estratos sociales ni tampoco clases económicas, las expresiones como: “desearía estar muerto” o “desearía no haber nacido” son las primeras señales a la que padres de familia deben dar especial atención.

Más allá de las advertencias conductuales o silenciosas, también existen indicios materiales en adolescentes, como encontrarle en sus pertenencias una arma de fuego que dicho sea de paso, no necesariamente tendría que usarse para agredir a los demás como ha sucedido en algunas escuelas de Estados Unidos y México, también puede usarse para privarse de la vida el mismo portador.

Encontrar lesiones en brazos, piernas y muñecas es otro de los indicios materiales o visibles que padres de familia, tutores y profesores pueden detectar y advertir de alguna conducta de alto riesgo.

Son muchos los casos documentados donde el antecedente del suicidio se manifestó o saltó a la vista de quienes podrían haberlo evitado, el aislamiento, consumo de pastillas, cambios repentinos de humor, desmotivación, consumo de drogas o bebidas alcohólicas, actividades autodestructivas, hasta el tono para despedirse de las personas como si no las fuera a ver de nuevo son señales de que debe tomarse en serio las cosas.

Preocupante pensar que la vida de un adolescente pudiera resultar abrumadora y sumergida en medio de una crisis, desesperanza, desmotivación o situación de estrés, pero más preocupante que como padres también permitamos el consumo de alcohol en casa y posteriormente las drogas, las cuales en combinación con la vulnerabilidad de las y los jóvenes puede empeorar los pensamientos suicidas y hacerlos sentir lo suficientemente temerarios o impulsivos como para actuar en función de tus pensamientos.

No existe mejor recomendación que ponerse en los zapatos de los demás y considerar importantes aquellos acontecimientos estresantes de la vida de una niña o niño por más insignificante que pueda resultar para el adulto.

La pérdida de una amistad o problemas de escuela parecieran temas sencillos de superar, sin embargo, algunos casos son circunstancias de la vida que para las niñas, niños y adolescentes son insuperables y no quieren abordarse, motivando que con el tiempo surjan esos pensamientos suicidas.
Debemos estar conscientes como sociedad sobre los factores de riesgo y verdaderamente preocuparnos.

Son muchos los factores que pueden motivar una conducta suicida, algunos se desprenden de un historial de violencia doméstica, abuso o negligencia infantil y otros pueden resultar de la búsqueda de identidad del menor o adolescente.

Un niño que no siente el apoyo de un adulto importante en su vida como los padres de familia, profesores o familiares cercanos, un adolescente que ante el vacío de amor en su familia busca amistades peligrosas, son componentes que deben atenderse para evitar el aislamiento del joven y que el suicidio le pueda parecer la única salida a sus problemas.

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