E M P R E N D E R  E S  P E R D E R

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Dudo, luego Pienso…

Por: Luis Sámano.

Tijuana, Mar. 16 2018 (NDT).- En distintas ocasiones y en diversas situaciones, surge por la mente el dejar de ser empleado para pasar a convertirse en dueño, propietario, jefe o simplemente tener mayores recursos económicos al menor esfuerzo. Esto es una idea atractiva, fruto del ocio y de las necesidades que se estén viviendo.

Sin embargo, no todo EMPRENDIMIENTO tiene que ver con el sector laboral, en nuestra vida cotidiana, constantemente estamos emprendiendo: una mudanza (de casa, habitación, ropa), emocional (cambio de relación, soltería, viudez, dejado(a), matrimonio o amor propio), educativa (terminar una tarea, elegir una carrera, sacar adelante la escuela), espiritual (optar por otra convicción de fe, buscar una nueva parroquia, elegir en que dios creer), y así, la vida se va en una constante práctica de emprendimientos, que se vuelven parte de una dinámica cotidiana que pasa desapercibida.

Es una realidad que al momento de comenzar un negocio, la persona va cargando consigo una serie de emociones y experiencias que se vuelven determinantes para poder desarrollar la idea que posiblemente le de mayores recursos o un resultado adecuado. También es una verdad que el 80 % de los negocios que cierran se deben a problemas administrativos, mismos que se originan desde las relaciones humanas.

Vivimos en una sociedad cuya riqueza solo se dimensiona en lo económico y no en lo humano, quien no sabe valorar su experiencia personal, corre el riesgo de perderse ante un aumento tan alto como el hecho al salario mínimo.

Ante estos riesgos, emprender se vuelve, no en la fascinante aventura que los programas de desarrollo empresarial promueven, sino en una travesía cuya turbulencia inicia antes de que despegue el avión. Para ello, es necesario trazarse etapas en donde se visualicen diversas fases, desde un tiempo creativo, seguido de la experimentación, ejecución y evaluación. Lo cierto es que cada acción nos debe de llevar al desprendimiento y, por tanto, a la perdida.

Emprender es perder el temor a decir no a los gustos familiares, es perder la vergüenza de apostar por reinvertir las primeras ganancias en lugar de pagar una gran fiesta, perder la timidez de usar el transporte público, es aprender a perder el miedo ante los números rojos, emprender es perder el pavor a las pesadillas reales y tomar las riendas de un proyecto, no de vida, sino hacer de la vida misma, el gran proyecto, perder los dogmas morales y aprender que no existe “bueno” ni “malo”, sino FUNCIONAL o NO FUNCIONAL, y basado en eso, comenzar a perder el miedo a valorarse y fijar con visión cada sueño, cada deseo, anhelo, dejar de ilusionarse para pasar a visualizarse con realidad, con verdad.
En la medida que perdamos más, encontraremos más ganancia, que se traduce en sentido.  Emprender es perder, porque perder es un juego de ganar libertad.

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